lunes, 10 de julio de 2017

Mi experiencia swinger.


Mi primera experiencia swinger



Hace un par de años salía con un hombre ligeramente mayor que yo, lo cual tenía sus encantos al ser mucho más experimentado en distintos ámbitos. En aquel momento tenía poco más de 18 años y un libido de adolescente (aunque a decir verdad sigue estando igual).





Podría decirse que poco después de mi primera vez, me di cuenta que sería una mujer promiscua, disfrutaba en verdad del sexo sin un compromiso emocional. Cuando tenía una relación con mi ahora ex novio, gustaba mucho de su mente abierta y su madurez, era un hombre pervertido que siempre le daba un toque erótico a todo. Solíamos conversar de sus aventuras sexuales ya que yo tenía mucha curiosidad, quería vivir situaciones fuera de lo que era común para mí. Me excitaba mucho especialmente cuando me contaba sobre tríos y orgías. Quería eso, deseaba sentirlo pero de la mano de gente que pudiera guiarme, ser seducida sin poner resistencia y aprender de ellos.

Mi deseo se convertía en frustración pues, mi novio me propuso insinuarme a algún amigo que me gustara y quizá así fuera más cómodo para mí pero ninguno tuvo el valor de hacer frente a mis intenciones, el hombre los intimidaba, así que él me propuso unirnos al ambiente swinger. Al inicio tuve miedo, me sentía nerviosa, sin embargo, la curiosidad fue más grande, pronto conocimos a personas interesadas en compartir intimidad.






En aquel entonces la fantasía que dominaba mi mente era estar entre hombres, y mi pareja moría por verme con otro sujeto...

Para mí era importante crear un vínculo que me hiciera sentir calmada y cercana así que fuimos a cenar. Entre risas y charla pasamos un rato conociéndonos. Ese día bebí demasiado, en parte por los nervios, sentía la ligereza que provoca el alcohol, supongo que por eso nos fuimos pronto al hotel.

Ya instalados en la habitación, ambos me miraban lujuriosos, parecía una joven presa entre dos criaturas cazandome y había algo muy excitante en ello. Me sentía como una jovencita virginal que no tenía ni la menor idea de como actuar, tan sólo a la expectativa de lo que sucedería.

El hombre preguntó cómo deseábamos iniciar, a lo que yo reí nerviosa y respondí que no sabía, mi novio pidió que comenzara nuestro acompañante y sonrío con una perversidad que nunca antes le vi.

Nuestro primer amante se acercó a mí, me levanto de donde me encontraba sentada, me tomó por la cintura y comenzó a besarme, sus labios se deslizaron por mi cuello y mi piel se erizó. Miré a mi pareja, me sentía extraña de saber que me miraba mientras otro otro hombre me tomaba pero el sonreía, parecía disfrutar la escena; de repente sentí un mordisco en el hombro y unas manos apretando mis glúteos, mi corazón se aceleró y en mi pecho sentí calor. Mordí mi labio para ahogar un suave gemido, mas no sirvió, al escuchar mi reacción me arrancó la blusa para cubrir mi piel en besos y lengüetadas mientras sus manos ansiosas acariciaban mis senos.






Estaba agitada, no podía ni respirar sin jadear, la cabeza me daba vueltas y al ver como se bajaba por mi vientre para sacarme los pantalones sólo podía pensar en su reacción al descubrir mis bragas mojadas. Me miró con picardía bajando lentamente las pantaletas y hundió su cara entre mis muslos.
La humedad de su boca y la destreza de su lengua probando la intimidad de mi sexo, me hacían enloquecer.

Mi novio subió a la cama y me besó apasionadamente, desabrochó mi sujetador y posó su boca en mis senos, jugaba con mis pezones y yo me retorcía de placer, estaba a punto del éxtasis. Ellos se desnudaron, acaricié sus cuerpos y los besé, la lujuria dominaba mis deseos al ver su miembros erectos frente a mi, palpitando por excitación. Debía probarlos, saborearlos, debía lamerlos, debían ser míos, tenía que ser suya, ya no soportaba las ganas de hacer el amor con mi pareja y nuestro amante.

Estaba en calidad de aprendiz, ellos eran mis guías, esa primera vez fui sumisa y complaciente, hacía todo lo que me pedían, en cualquier posición.

Se turnaban para disfrutar de la vista y los juegos. Cuando ambos me penetraron, lo hicieron con fuerza y embestían como si aquello fuera una competencia. En ese instante una sensación de calor recorrió todo mi ser, parecía como si mi cordura me abandonara y mi consciencia se apagará. Mi cuerpo se abandonó al gozo y me atrevo a decir que aquel orgasmo fue catártico. Aunque no fui la única, poco después nuestro nuevo amigo se unió al deleite del clímax. Mi novio detuvo su ritmo para terminar en mi mano, él quería contemplar la escena y mi experiencia.






Hasta ese momento, fueron pocas las ocasiones que terminé de esa manera, tan violenta y majestuosa, sí, así la definiría, majestuosa. Fue un acto de completa complicidad y confianza con mi pareja, no sólo como un encuentro sexual sino también a nivel emocional y mental. Aquello fue el inicio de nuevas y apasionantes aventuras a su lado, sin embargo, duraría poco.


Así sucedió mi primera experiencia swinger, bastante resumida y en un intento de claridad. Nunca había escrito algo así, espero fuera de su agrado.
Faltan muchas situaciones que pasé en ese ambiente pero después se las contaré.






Besos capullos.

2 comentarios:

  1. Que erotico relato, es tan facil imaginarte en esa escena y tan dificil no hacerle caso a mi ereccion que tus palabras provocaron.

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  2. Hermosa tu redacción ha sido perfecta, me encantó y me hubiera gustado estar ahí.
    Gracias por compartirnos tu experiencia.

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